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Devoradores de Mundos

De todas las legiones de Marines Espaciales creadas por el Emperador para reconquistar la galaxia durante la Gran Cruzada, ninguna era tan temida como la de los Devoradores de Mundos. El nombre de esta legión, que llevaba a cabo terribles asaltos, se convirtió en sinónimo de derramamiento de sangre y terror a gran escala.

Orígenes
Encadenadas en la más profunda de las mazmorras de la Biblioteca Sanctus, situada en Terra, las páginas manchadas de sangre del Liber Malum recogen el destino y los nombres de aquellos que han recorrido la senda de la condenación. La simple mención de estos nombres puede llevar a la locura. Son muchos los blasfemos herejes y tiranos cuyos nombres llenan las páginas de este libro junto con los relatos de sus actos y traiciones; pero entre ellos destaca uno, el de Angron, primarca de la Legión de Marines Espaciales de los Devoradores de Mundos.

La leyenda de Angron está incompleta y hay mucho que no se conoce; o eso o es que la parte más oscura de los verdaderos sucesos es imposible de discernir. No se sabe por qué Angron se separó tan rápidamente del Emperador ni cuál es el nombre del planeta al que llamaba hogar. De hecho, no se sabe con certeza si este planeta sigue existiendo o si existió alguna vez. El Speculum Historiae de Carpinus dice del mundo de Angron que estaba muy avanzado tecnológicamente (aunque no da un nombre) y que estaba gobernado por una rica y elitista casta que vivía inmersa en una decadente opulencia mientras la población de sus ciudades lo hacía en la más miserable pobreza en los alrededores de los palacios. Para distraer a la población de sus tareas diarias, los gobernantes de este planeta llevaban a cabo Juegos de Muerte regularmente, los cuales se celebraban en gigantescos coliseos en los que gladiadores implementados cibernéticamente combatían entre sí hasta la muerte para satisfacer el ansia de sangre del populacho. Fue en este planeta donde Angron fue encontrado, pero no existen datos sobre cómo llegó allí.

Sucediese como sucediese, se sabe que Angron fue descubierto por un esclavista que encontró el sangrante cuerpo del primarca rodeado por decenas de cadáveres alienígenas en las montañas del Norte. La historia no recoge qué tipo de alienígenas eran, pero muchos eruditos imperiales creen que eran Eldars, que habrían atacado al primarca porque esta raza posiblemente sabría lo que el futuro le deparaba a Angron. Angron había sufrido terribles heridas, pero estaba vivo; y, cuando el esclavista se dio cuenta de la situación, pensó que sería un formidable gladiador para las arenas. Angron fue esclavizado y cuidado hasta que recuperó la salud, tiempo durante el cual se le implantaron una serie de mecanismos bioneurales en la corteza cerebral. Se trataba de reliquias de la Edad Oscura de la Tecnología que podían incrementar la agresividad y fuerza de un guerrero en batalla y convertirlo en un asesino fanático. Angron fue llevado a la capital del planeta, donde no tardó en hacerse evidente su potencial como gladiador y fue rápidamente comprado por el mayor y más frecuentado coliseo de la ciudad. Las celdas construidas bajo la arena eran el hogar de miles de cibergladiadores y Angron pasó a ocupar un lugar entre ellos.

Solo unos meses después, Angron ya se había ganado una sangrienta reputación como orgulloso guerrero de temible habilidad y con un fuerte sentido del honor marcial. Mató cientos de guerreros en combate singular o múltiple, pero perdonaba la vida a aquellos que combatían mejor. Angron era el favorito de las masas rugientes y, aunque parecía gustarle la vida de gladiador, siempre estaba buscando formas de escapar a su vida de esclavo. Era un esclavo problemático y, por naturaleza, tenía una actitud contraria a lo que propusiera la autoridad, por lo que no fueron pocas las veces que intentó escapar de las mazmorras del coliseo. Los combatientes estaban bajo unas estrictas medidas de seguridad y había cientos de guardias fuertemente armados que los vigilaban constantemente, así que todo intento de huida acababa frustrado.

En unos pocos años, su fama se había extendido por todos lados y su reputación de asesino temible era un hecho. Los espectadores se apiñaban a millares para ver combatir a Angron y, bajo su tutela, los gladiadores pasaron a ser más y más letales, hasta el punto en que llegó el día en que ningún gladiador de otro coliseo podía derrotarlos. Tras un intento fallido de huida más, Angron comprendió que nunca podría escapar sin ayuda. Su inquebrantable código del guerrero y sus métodos de entrenamiento lo habían convertido en un líder respetado por los gladiadores y, cuando supo que se aproximaban los mayores Juegos de Muerte que nunca se hubieran llevado a cabo, Angron empezó a planear la más arriesgada huida de todas las que había planeado hasta el momento.

Para estos juegos, a Angron se le permitió realizar una demostración de batalla en la que participarían todos los gladiadores del coliseo. En el momento cumbre, en el que el griterío de la muchedumbre parecía que iba a tirar las gradas del coliseo abajo, Angron y sus seguidores se encararon a sus guardias y los asesinaron brutalmente hasta alcanzar la libertad. Sus bajas fueron horrendas contra los guardias equipados con armas de fuego, pero cerca de dos mil consiguieron escapar y llegar a la ciudad, en la que robaron tantas armas y equipo como pudieron antes de echarse a las montañas. El ejército de Angron se refugió en el pico más alto de las montañas del Norte, cerca del lugar donde su jefe había sido descubierto años atrás. Los gobernantes del planeta enviaron inmediatamente una fuerza armada para acabar con los fugados, pero subestimaron por completo el poder del ejército de esclavos de Angron. En cuestión de días, los pocos y maltrechos supervivientes de las orgullosas fuerzas gubernamentales llegaron tambaleándose a la ciudad; les habían arrebatado las armas y sus comandantes habían sido asesinados.

Durante los años siguientes, se mandaron muchos ejércitos contra el ejército de esclavos de Angron y todos ellos fueron derrotados y sus integrantes cortados en pedazos debido a la psicótica furia que sufrían los ciberguerreros. Pero la deserción y el hambre empezaban a hacer mella en las fuerzas de Angron y pronto pasaron a ser menos de mil los miembros de su ejército. Un día, al caer la noche, Angron fue rodeado por al menos cinco ejércitos en la montaña llamada Fedan Mhor. Estos ejércitos eran muy superiores al de Angron y parecía que al fin se acabaría con la rebelión de los esclavos. Ni siquiera el primarca podría enfrentarse con éxito a unos ejércitos tan numerosos y sabía que encontraría la muerte en los siguientes días.

Fue en aquel momento cuando el Emperador llegó a este planeta, atraído por el aura psíquica del primarca. El Emperador había observado durante un tiempo y en secreto a Angron desde la órbita y su corazón se había llenado de orgullo cada vez que Angron dirigía a la victoria al ejército de esclavos. Entonces decidió descender a la superficie del planeta y ofrecer a Angron el liderazgo de la legión de Marines Espaciales de los Devoradores de Mundos y un lugar a su lado. Sin embargo, y para sorpresa del Emperador, Angron rechazó el ofrecimiento. Su lugar estaba aquí, con sus compañeros esclavos, y moriría antes de abandonarlos. Angron y los esclavos cavaron sus propias tumbas durante la noche, una manera de comunicar al enemigo que combatirían hasta la muerte. El Emperador sabía que, aunque Angron era un primarca, fenecería en la inminente batalla; por ello, hizo que su navío descendiese hasta alcanzar una órbita inferior y teleportó a Angron lejos de Fedan Mhor. Sin su líder, la moral de los esclavos desapareció y todos fueron asesinados a la mañana siguiente por los ejércitos combinados de los diferentes gobernantes del planeta. En el espacio, mientras continuaba la Gran Cruzada, Angron acabó poniéndose al mando de los Devoradores de Mundos, pero nunca perdonó al Emperador que lo abdujera del planeta, lo que interpretó como una traición a su honor marcial.

Como sabía lo efectiva que era la psicocirugía para incrementar el poder de un guerrero, Angron ordenó a los tecnomarines de los Devoradores de Mundos que duplicasen el proceso y que utilizasen los implantes de su cabeza como ejemplo de lo que quería conseguir en sus soldados. No obstante, el arte arcano de esta tecnología se había olvidado hacía mucho tiempo y las primeras reproducciones que se llevaron a cabo eran poco fiables. Era habitual que se produjeran episodios de psicosis incontrolable en los receptores. Con el tiempo, los tecnomarines fueron capaces de crear implantes fiables que incrementaban asombrosamente la agresividad y la fuerza de un individuo, por lo que se instalaron en los cerebros de compañías enteras de los Devoradores de Mundos. Al principio, las compañías implementadas por estos medios obtuvieron grandes éxitos y no tardaron en ganarse una terrible reputación como tropas del terror. No tenían piedad alguna con sus enemigos, solo buscaban la sangrienta muerte al final de su espada sierra. El Liber Malum narra cómo sistemas enteros se rendían antes de ser víctimas de la ira de los Devoradores de Mundos. Pero era cuestión de tiempo que la galaxia se enterase de que se había utilizado la psicocirugía en los reclutas de esta legión. Tras el infame Registro de Ghenna, en el que toda la población del planeta fue asesinada brutalmente en una sola noche, los Devoradores de Mundos fueron censurados por el Emperador y obligados a dejar de utilizar los implantes.

Angron no prestó atención a la orden del Emperador y ordenó a sus tecnomarines que continuasen con su trabajo hasta que a todos los miembros de su Legión de Marines Espaciales se les hubieran instalado los implantes. Los ritos sangrientos se convirtieron en una parte cada vez más importante de la herencia de la legión mientras continuaban realizando matanzas por toda la galaxia; y se convirtió en una práctica común entre los Marines Espaciales competir por quién obtenía más cráneos enemigos en batalla. Muchos de los hermanos primarcas de Angron expresaron sus preocupaciones al respecto al Emperador y entonces el Señor de la Humanidad cometió un grave error. Mandó a Horus, el primarca en quien más confiaba, a que se enfrentara a Angron y le hiciera entrar en vereda. Horus era un psicólogo maestro y, aunque el Emperador aún no lo sabía, ya había sido corrompido por los poderes del Caos. En Angron vio un guerrero consumido por la amargura y el resentimiento y fue muy sencillo para Horus alimentar esta amargura y ponerle en contra del Emperador, haciéndole ver que se trataba de un pelele que debía ser reemplazado. Le dijo a Angron exactamente lo que este quería oír y, cuando Horus acabó por traicionar al Emperador, lo que dio lugar a la primera guerra civil galáctica, los Devoradores de Mundos de Angron se posicionaron del lado de los Hijos de Horus.

La ferocidad y el horror de los ataques de los Devoradores de Mundos, que antaño habían sido enfocados contra los enemigos del Emperador, se producían ahora contra el Imperio. Los Devoradores de Mundos estaban en la vanguardia de todas las batallas, llevando a cabo los ataques más sangrientos. Preferían desmembrar a sus enemigos en combate cuerpo a cuerpo a utilizar armas de largo alcance. Los guerreros de Angron dejaron un sangriento rastro en la galaxia en su camino a Terra, bebiendo la sangre de sus víctimas y arrebatándoles los cráneos en honor a su nuevo señor: Khorne, el Dios de la Sangre. Los logivídeos que se han podido salvar del asedio a Terra muestran cómo los Devoradores de Mundos abren una brecha en los muros del Palacio Imperial y en ellos se ve la retorcida y rojiza forma de Angron blandiendo su espada rúnica a la cabeza de estos. Los Devoradores de Mundos sembraron la muerte en Terra, pero se les negó la victoria final. Al saber que los Ángeles Oscuros y los Lobos Espaciales estaban de camino a Terra, Horus se lo jugó todo a una sola carta para terminar con el asedio; bajó los escudos de su nave y retó al Emperador a que se enfrentase a él. El Emperador aceptó el desafío y se encaró con el traidor en un combate singular que determinaría el futuro de la galaxia. Ambos llevaron a cabo una batalla que se pudo sentir en todos los reinos, el físico, el espiritual y el psíquico, hasta que el Emperador consiguió abatir a Horus, aunque a cambio de su propia humanidad. Sin el Gran Traidor para liderarlos, las fuerzas del Caos se disolvieron y huyeron del planeta. Angron fue el último en marchar y dirigió a los Devoradores de Mundos a lo más profundo del Ojo del Terror. Se había perdido la batalla, pero la guerra continuaría. Sus guerreros y él tenían toda la eternidad para vengarse.

Mundo natal
Hoy en día sigue siendo un misterio cuál es el mundo natal de Angron. No existen datos de dónde encontró el Emperador a Angron y ninguna de las historias estudiadas por los escribas de Terra parecen tener relación con las descripciones del planeta de Angron que aparecen en el Speculum Historiae. Los eruditos postulan que Angron podría haber vuelto a su planeta natal tras la Herejía de Horus y haberlo destruido para vengar la muerte de sus compañeros esclavos. Es cierto que los Devoradores de Mundos destruyeron un conjunto de mundos al azar en su sangriento avance hacia Terra, pero solo Angron sabe si alguno de estos era su planeta natal.

Cuando acabó la Herejía, los Devoradores de Mundos se refugiaron en el Ojo del Terror y la legión se convirtió rápidamente en un conjunto de renegados errantes del Caos. Por tanto, no tienen una base en concreto ni un lugar al que llamar mundo natal, por lo que cada banda opera desde grandes naves que previamente han abordado sin piedad.

Doctrina de combate
Los Devoradores de Mundos solo tienen un deseo: acabar con sus enemigos en combate cuerpo a cuerpo y tomar sus cráneos para Khorne. Para alcanzar este fin, la legión ha abandonado las armas de largo alcance y ha optado por la espada sierra y la pistola. La sed de sangre y matanza se ha convertido en una necesidad tan fuerte para ellos que, cuando toman parte en una batalla, rugiendo el nombre de Khorne, olvidan todo lo que aprendieron sobre táctica y estrategia. En combate, estos alocados son feroces guerreros que lucharán hasta la muerte, puesto que saben que su sangre será igual de bienvenida por Khorne que la de sus enemigos. Se dice que el credo de los Devoradores de Mundos es “victoria o muerte”.

Organización
Al retirarse al Ojo del Terror y estar sujetos para siempre al culto de Khorne, los rituales de sangre de la legión se han hecho más y más importantes en sus vidas diarias, con lo que derraman océanos de sangre durante sus oraciones. La legendaria organización táctica de los Marines Espaciales ya no es perceptible en los Devoradores de Mundos debido a los años que han dedicado a las matanzas. Al tiempo que más y más oficiales y campeones de la legión eran poseídos por demonios o se convertían en príncipes demonio, desaparecieron los últimos vestigios de disciplina y organización; y la que antaño había sido una orgullosa legión de Marines Espaciales se vio reducida a un grupo de asesinos fanáticos sedientos de sangre y de muerte. Tras la Noche de la Locura en el planeta Skalathrax, en la que un campeón llamado Khârn se enfrentó a sus compañeros de los Devoradores de Mundos, la legión se disolvió hasta convertirse en un conjunto de pequeñas bandas de renegados en una búsqueda constante de batallas y muertes. El tamaño de estas bandas varía enormemente, desde las compuestas simplemente por un campeón, las formadas por escuadras o las que son tan numerosas como compañías y que son capaces de causar unos daños tremendos. Los campeones que dirigen estas bandas combatirán junto con cualquier otro señor del Caos y la única condición que pondrán es que se les permita derramar sangre en el nombre de Khorne. Pero todo Señor del Caos debe estar alerta, puesto que su propia cabeza podría ser añadida a la pirámide de cráneos.

Creencias
Los Devoradores de Mundos solo creen en una cosa: el derramamiento de sangre. El único propósito de su existencia es matar y derramar sangre en nombre de su dios. No importa si esa sangre es de un enemigo, de un aliado o proviene de sus propias venas. Lo único que importa es que la pila de sanguinolentas calaveras situada bajo el trono de cobre de Khorne sea cada vez mayor.

Semilla genética
Tras incontables milenios llevando a cabo incursiones desde el Ojo del Terror, su semilla genética se ha contaminado hasta un punto en el que ya no hay vuelta atrás. Son muchos los que sospechan que la semilla genética de Angron estaba corrupta desde el principio y que los Devoradores de Mundos estaban condenados desde el momento en el que fueron creados. Otros hacen referencia a la historia de Angron e insisten en que su legión podría haberse salvado si sus actos se hubieran conocido antes. Independientemente de qué teoría sea la acertada, los Devoradores de Mundos tienen la necesidad física de derramar sangre, algo que los sume en un estado de fanatismo y psicosis. El deseo de matar es tan fuerte en ellos que son capaces de atacarse entre sí para satisfacer su ansia de sangre en caso de que no haya enemigos cerca.

Grito de guerra
“¡Sangre para el dios de la sangre!”.

La Limpieza de Ariggata
Durante los vertiginosos días de la Gran Cruzada, los límites del reino del Emperador eran ampliados constantemente por sus primarcas. Eran muchos los mundos que daban la bienvenida a los ejércitos del Emperador, mientras que otros se resistían inútilmente. Ariggata era un planeta muy avanzado tecnológicamente que había sido aislado del Imperio durante muchos siglos y, cuando llegaron enviados imperiales avisando del inminente retorno del Emperador, fueron ejecutados como muestra de que querían mantener su independencia. El poder militar de Ariggata era formidable, por lo que se dio a tres legiones la orden de pacificar dicho mundo: a los Lobos Lunares, a los Ultramarines y a los Devoradores de Mundos. El Señor de la Guerra Horus estaba al mando de toda esta fuerza y, bajo su comandancia magistral los ejércitos de Ariggata fueron rápidamente subyugados hasta que solo quedó la Ciudadela de Basalto en manos enemigas.

Las fuerzas imperiales pusieron la ciudadela bajo asedio, pero la pacificación estaba durando demasiado para el gusto de Horus; quería acabar cuanto antes para obtener más gloria en otras batallas. Para acabar lo antes posible con el asedio, bombardeó los muros de la ciudadela desde la órbita y ordenó a Angron y a los Devoradores de Mundos que asaltasen las brechas que habían sido abiertas en los muros y que acabasen con los líderes enemigos. Los muros de la ciudadela habían sido construidos durante la Edad Oscura de la Tecnología y, a pesar de haber sufrido un bombardeo orbital durante toda una semana, solo se había conseguido abrir una brecha en ellos. Roboute Guilliman aconsejó tener precaución, pero ni Horus ni Angron estaban dispuestos a esperar. Angron lanzó a sus Devoradores de Mundos contra las paredes de la Ciudadela de Basalto mientras una tormenta de ráfagas láser y proyectiles causaban enormes bajas entre sus filas. Pero los Devoradores de Mundos no se dejaron intimidar y acabaron alcanzando la brecha a través de una rampa de cadáveres de su propia legión, Una vez dentro de la fortaleza, los Marines Espaciales, enloquecidos por la batalla, acabaron con todos aquellos que se ponían al alcance de sus espadas sierra. Durante un día y una noche no se oyeron mas que los alaridos de las víctimas en los antiguos salones y, cuando por fin Angron ordenó abandonar el lugar a sus tropas, en el interior de la ciudadela no quedaba ni un alma con vida.

Cuando los Ultramarines entraron en la ciudadela para asegurar el lugar, se quedaron horrorizados con lo que allí descubrieron. Las cámaras y bóvedas de la ciudadela parecían el matadero de un profesor chiflado. Los cuerpos desmembrados estaban esparcidos por doquier y el olor de la muerte era tan denso que parecía poder tocarse. No habían perdonado la vida a nadie, todo ser vivo había perecido bajo la furia de los Devoradores de Mundos. Cuando los atónitos Ultramarines abandonaron la ciudadela, los Devoradores de Mundos y los Lobos Lunares ya habían dejado el planeta, mientras que los Ultramarines deberían permanecer en Ariggata hasta que llegase la Guardia Imperial. Antes que Guilliman pudiera explicar a sus hermanos primarcas la masacre que había acontecido en Ariggata, la Herejía estalló, momento en el que Horus y Angron rompieron sus votos de lealtad hacia el Emperador, y los miedos de Guilliman se hicieron realidad.

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